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Cartel promocional de Trujillo
La ciudad de Trujillo, situada a 50 kms. al este de la capital de la provincia de Cáceres, se asienta sobre un batolito granítico y se emplaza en el antiguo camino de Madrid. Desde cualquier punto se accede a la Ciudad, situada en una encrucijada de carreteras, en el corazón de Extremadura. Desde Trujillo a escasos kilómetros el viajero puede llegar a disfrutar de poblaciones tan importantes como Cáceres, Mérida, Guadalupe o Plasencia.

Trujillo es un importante complejo urbano conformado a partir de diferentes épocas y mentalidades arquitectónico-urbanísticas, cuyos testimonios han hecho de ella una de las más importantes ciudades del mundo.
La impresión que se lleva el viajero cuando se acerca a Trujillo es la de encontrarse ante un medieval barco varado en un cerro de canchales. La ciudad se eleva orgullosa y vigilante sobre una sorprendente y hermosa protuberancia granítica, sobre un insólito berrocal, como dice la copla: "Si fueres a Trujillo, por donde entrares, hallarás una lengua de berrocales". La masa de sus torres y sus ruinas se recorta sobre el cielo.
Es Trujillo una ciudad abierta, clara, confortable, regularmente bien urbanizada, apacible y que da una cierta sensación de bienestar de hidalgo campesino. Así era y así es Trujillo: Un centro de encuentro entre razas y culturas edificado sobre el cerro “Cabezo de Zorro” para dominar en llano unos limites que están rayados entre el Tajo y el Guadiana.
La población trujillana se reparte entre la ciudad de Trujillo propiamente dicha y los cuatro arrabales dependientes de su jurisdicción municipal. Se trata de las localidades de Huertas de Animas, Huertas de la Magdalena, Belén y San Clemente. Con testimonios ya desde el Neolítico, estos arrabales han estado poblados por un vecindario fundamentalmente agrícola que se asentó sobre fértiles vegas como las de Papalbas, Valfermoso o Mimbreras.
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Inscripción romana

Trujillo es el antiguo Turgalium romano, nombre de raíz celta. Es la denominación latina del topónimo correspondiente al primitivo castro indígena. Los diferentes testimonios epigráficos y funerarios son prueba fehaciente que la Turgalium prerromana se convirtió, durante la ocupación romana, en una población de suma importancia tributaria de Norba Caesarina. Trujillo aparece citado en el Anónimo de Rávena (siglo VI), que facilita el conocimiento de núcleos de población de esa época. En el Itinerario de Antonio (siglo III) se cita como un importante enclave desde Mérida hacia Zaragoza, a través de Toledo. Dato interesante porque denota la continuidad funcional urbana como cabecera de comarca.
Después de una época paleocristiana y visigoda, como queda constancia por los restos de una basílica, tras muros de la puerta de Coria; la dominación musulmana hace de Trujillo un importante enclave, que sólidamente fructificado, mantendrá una notable actividad, siendo testimonio de ella el mercado ganadero que se celebrara en la zona extramuros sobre la que después se habría de urbanizar la actual Plaza Mayor. Hacia el año 900 se inician las obras del Castillo y en el siglo XI están definitivamente configuradas las murallas, cuyo aspecto -al igual que el del Castillo- se modificará después de la reconquista. Hay noticias documentales de la existencia de dos mezquitas, de las cuales se conserva algún resto.
En 1186 se inician con Alfonso VIII los primeros intentos de reconquistar la Villa. Entregada a las Ordenes Militares de Santiago y San Julián de Pereiro, pasaría de nuevo a manos árabes en la última década del siglo XII, hasta que en 1232 la villa es definitivamente recuperada por las huestes cristianas de Fernando III. Data desde entonces la devoción patronal de Trujillo a la Virgen de la Victoria, que, alojada entre dos torreones constituye su emblema heráldico.
A partir de entonces Trujillo comienza a conocer tiempos de prosperidad, fomentada por los reyes con repoblaciones, exenciones tributarias, privilegios mercantiles y otros incentivos propios de los tiempos y las necesidades gobernantes y unificadoras.
Alfonso X, decidió otorgar Fuero propio a la villa. La población, desde entonces, se reparte entre los hidalgos, eximidos del pago de tributos, y los "pecheros", vecinos contribuyentes.
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Muralla de Poniente

Hasta mediados del siglo XIV el desarrollo arquitectónico de Trujillo se concentra en el interior del recinto amurallado, en la Villa; sin embargo, por esa fecha surgen las primeras células que condicionará el posterior desarrollo de la ciudad extramuros. Se trata de las primitivas fábricas eclesiásticas de San Martín y San Clemente.
En 1430 Trujillo logró trasponer la pubertad medieval merced a las instancias de Alvaro de Luna, primer duque de Trujillo, ante su rey, Juan II de Castilla que le concede el codiciado titulo de ciudad "por los buenos e leales servicios que e me facen cada día ....por ende es mi merced que de agora adelante sea cibdat e goce de todas las preminencias e prerrogativas...". A todo ello vendría a sumarse el privilegio de Mercado Franco otorgado por Enrique IV en 1465.
Ilustres protectores fueron también los Reyes Católicos, que en Trujillo llegaron a vivir largas temporadas hasta que, en un crudo enero de 1516, sorprendiera la muerte a Fernando “El Católico” camino de Guadalupe. Y así Trujillo continuo siendo fiel compañero de la historia con la frecuente presencia de monarcas y privilegios. Como Felipe IV, que autorizase a la ciudad una Casa de la Moneda para acuñar moneda propia.
Entre fines del siglo XV y principios del XVI tiene lugar una importante actividad arquitectónica en Trujillo. Se fundan los conventos de San Miguel, La Encarnación y San Francisco; se levanta el Rollo o Picota en el sitio del Mercadillo y se construyen las Casas Consistoriales, otros inmuebles municipales y privados van configurando la estructura y fisonomía del espacio placero.
El siglo XVI será definitivo para la historia de Trujillo por su importante participación en el descubrimiento, conquista y civilización de América. La población supera abiertamente sus antiguos límites y se expande fuera de la muralla. El desarrollo demográfico trujillano, cuya población es de 1730 vecinos en en 1580 -cifra superior a la de Cáceres en la misma fecha- y el enriquecimiento de ciertos sectores como consecuencia de la empresa americana, son las circunstancias que impulsan ahora el desarrollo arquitectónico-urbanístico de Trujillo que poblará la ciudad de nuevas construcciones nobiliarias. Se ampliarán las antiguas fabricas religiosas y proporcionará a Trujillo el aspecto con que la ciudad llega al siglo XVIII.
Villa y "ciudad" mantendrán desde ahora una evolución arquitectónica de distinto signo. Torres, aspilleras, alfices, arcos apuntados y demás elementos arquitectónicos militares y goticistas de los palacios intramuros desaparecen de arquitectura de la "ciudad"; en ésta se empleará una construcción más abierta en la que elogias y patios proporcionarán una fisonomía estructural diferente a los inmuebles. En el interior de la "villa", el aspecto defensivo de alcázares y casas fuertes da paso a otro renacentista.
Durante el siglo XVII y después de la conclusión y remodelado de la obras eclesiásticas iniciadas en el siglo XVI, Trujillo cae un largo período de inactividad arquitectónica que se vería agrabada a raíz de la campaña de Portugal, pues ésta diezmaría tanto la población como la economía trujillana. En la "villa", el abandono constructivo se traduciría en un proceso arquitectónico regresivo en el que se hacen presentes las primeras ruinas.
Después de la incidencia destructiva de los acontecimientos bélicos del siglo XIX y de las circunstancias del mismo signo que acompañaron a los diferentes procesos desamortizadores, Trujillo inicia durante el último tercio del citado siglo una actividad constructiva y urbanística de gran relieve y excepcional a nivel provincial. Hoy es una población que se caracteriza fundamentalmente por un importante turismo de calidad.Autor:J.A. Ramos Rubio

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